agosto 31, 2020 | Blog Yuniq

Hola, mi nombre es Jeanina y mis amigos me conocen como Shine, sé que es un apodo inusual que como todo, tiene su historia…pero eso es tema para otro blog. Hace poco más de un año me uní como socia en este equipo empresarial y, dado que una de mis pasiones es escribir, te voy a ir contando historias y novedades. Hoy te voy a hablar al respecto de uno de nuestros productos que es la Kombucha YUNIQ y cómo la desarrollamos.

Nos llamó la atención la idea de hacer kombucha porque varios miembros de la empresa, habíamos conocido sobre ella a través de ferias internacionales y referidos. Esta bebida que tiene sus orígenes en Asia y no se conoce la fecha exacta de su descubrimiento, tiene varias propiedades y beneficios que hicieron que se difunda por el mundo a través de los comerciantes de la ruta de la seda y que se mantenga vigente hasta el día de hoy.

Al investigar más, nos impresionó el crecimiento y el impacto que estaba teniendo por su aporte de probióticos (organismos vivos que recuperan y constituyen la flora intestinal) y la conciencia cada vez mayor de la salud y el bienestar de los consumidores a nivel mundial.

Por otro lado, ya que disponíamos de extractos de frutas como un subproducto de nuestro proceso de deshidratación y estos concentrados de frutas terminaban siendo un desecho, nos parecía que estábamos frente a una oportunidad de aplicación que ayudaba a reducir este desperdicio. 

El proceso de elaboración de esta bebida es bastante sencillo, se utiliza un té-base que sirve de alimento para el cultivo que se conoce como SCOBY y que no es más que un grupo de microorganismos que trabaja de manera simbiótica generando bacterias y levaduras que son necesarias y beneficiosas para nuestro organismo. Luego de unos días en los que se transforma esta infusión en un fermento, se procede con un proceso adicional de segunda fermentación en que se incorporan sabores y jugos para añadirle riqueza a la bebida y darle su característico carbonatado (efervescencia) natural.

Dicho lo anterior, vamos a la historia. Me imagino que te ha pasado, como a mí que al escoger una bebida suelo enfrentarme a tener que decidir entre sabor y salud: si es muy saludable no es deliciosa y si es deliciosa no es muy saludable. A mí me gusta sentir que cuido de mí y de mi bienestar, pero también me encantan los sabores, las texturas y tener buenas experiencias en lo que responde a mis alimentos, al punto de que hay quienes me consideran “un poco” temática con esto de que las cosas deben ser un placer para los sentidos.

Sobra decir que mi madre encabeza la lista de quienes me tienen en ese concepto y para ella aplica el cambio de “un poco” por “súper” temática; pero es justamente esta característica la que nos hizo estar convencidos de que, si es que íbamos a desarrollar este producto, teníamos que lograr una bebida saludable y deliciosa a la vez.

Con mi amiga, que es también una de mis socias, nos pusimos a trabajar. Leímos todo lo que pudimos, conseguimos las cepas de SCOBY, uno gringo (importado) y uno local (regalado) y, frascos en mano, empezamos nuestra aventura de crear una bebida única. Los primeros días todo iba de maravilla, nos mandábamos fotos de los frascos como quien tiene juguete nuevo, que si amaneció bien, que si tiene alguna gracia, que si creció, que si no creció, etc.

Hasta que un día en lugar de la acostumbrada foto, recibí un texto que decía “Shine, necesito una visita urgente….algo les pasa a mis kombuchas”. Llegué entonces y encontré a mi socia con esa cara de cuando mataste sin querer a la mascota… Resulta que, así como con las plantas, los SCOBY necesitan atención y al parecer “buena mano” y mi amiga demostró tener exactamente lo contrario, los pobres SCOBY estaban tan mal que tuve que aplicar la terapia de emergencia que había leído en alguno de los textos investigados.

No podía dejarle con los frascos de nuestros preciados experimentos así que acabamos dividiendo de otra forma: yo me encargaba del producto por dentro (contenido) y ella se encargaba del producto por fuera (diseño y presentación)… plansazo!.

Con los cultivos estabilizados, empezó la fase de ponerle personalidad YUNIQ a cada frasco. Fui buscando combinaciones diferentes, integrando sabores propios de nuestra zona para el té-base tales como la guayusa y el jengibre; también fui probando con los sabores de frutas hasta encontrar los que gustaban a todos.

Así descubrí que la uvilla y el tomate de árbol no son buena idea porque acaban haciéndose amargos y sacando muecas a todo el que prueba, que la sandía fresca genera una bebida pirotécnica que hizo que algunos me odien en secreto, que si me olvido mucho tiempo acabo teniendo vinagre, pero sobre todo, descubrí que todos quienes probaban tenían un beneficio palpable al beber un vaso de kombucha.

Si tomas un vaso en ayunas tiene propiedades desintoxicantes y te sientes bien durante todo el día, si tomas luego de una comida pesada funciona como un excelente digestivo, si estás de fiesta puedes mezclarla con tragos blancos, si se te fue la mano en la fiesta te ayuda a recuperarte, a los niños les encanta y así podría seguir mencionando un montón de aplicaciones, pero lo ideal es que la pruebes y experimentes sus ventajas en carne propia.

Luego de varios meses de trabajo logramos dos productos para ti: Frutos Rojos (mezcla de mora, frutilla y mortiño) y Piña con Jengibre. La concentración de fruta, la mezcla de infusiones, la dedicación con la que hacemos la kombucha YUNIQ, su atractiva y práctica presentación individual, sus propiedades y la frescura de sabores nos hace felices. Sí, puede ser deliciosa. ¡Ojalá puedas sentir lo mismo al consumirla!!